home ask me archive reila Fanfiction
The world is so empty if one thinks only of mountains, rivers and cities; but to know someone here and there who thinks and feels with us, and though distant, is close to us in spirit — this makes the earth for us an inhabited garden. – Goethe

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Soy una fan española (obvio XD) de SiD, así que probablemente mis fanfics sean de Aki x alguien. Quizás si alguna persona estuviera muy interesada en una pareja en especial entonces podría intentar escribir algo, pero no prometo nada. Dicho esto, gracias por leerme y espero que os gusten mis historias!

But Paris was a very old city and we were young and nothing was simple there, not even poverty, nor sudden money, nor the moonlight, nor right and wrong nor the breathing of someone who lay beside you in the moonlight. – Ernest Hemingway
Alexander: The Ends of the Earth

Cuando la enorme pira fue terminada, el cuerpo embalsamado de Hefestión fue transportado a hombros por los hetairoi de su batallón, seguido por Alejandro y por los compañeros hasta la base de la torre. De ahí fue izado con máquinas construidas al efecto y depositado sobre el catafalco. Luego, tan pronto como el sol desapareció tras el horizonte, los sacerdotes le prendieron fuego. La estructura fue inmediatamente envuelta por las llamas que subían rugiendo a devorar las estatuas, los paneles esculpidos, los ornamentos, las ricas ofrendas votivas.
Alejandro contempló sin derramar una lágrima aquel espectáculo tremendo y bárbaro, consciente del asombro que producía en todos los presentes, en la población que asistía atónita a aquella desatinada manifestación de poderío, a aquel acontecimiento hiperbólico. Pero de pronto, mientras levantaba los ojos para contemplar lo alto de la torre que comenzaba a hundirse con un siniestro crepitar, devorada por el fuego, se volvió a ver de niño en el patio de la residencia real de Pella intercambiando una prenda de amistad eterna con un pequeño amigo que conocía desde hacía poco. “¿Hasta la muerte?”, había preguntado Hefestión. “Hasta la muerte”, había respondido él.
La mano se le fue instintivamente al cuello en busca de aquella prenda engarzada en oro: un dientecillo de leche. Arrancó la cadenilla y la arrojó entre las llamas para que se disolviera en el huracán de fuego, y en aquel momento se sintió invadido por una melancolía infinita, por una intensa zozobra. El primero de ellos, el primero y el más querido de los siete amigos ligados por la misma promesa y unidos por el mismo sueño, se iba para siempre. La muerte se lo había llevado y sus cenizas eran dispersadas por el viento.



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